El
otro día cuando me disponía a ir unos de mis cursos, el sol aún no asoma sus
rayos pero el frio si muy presente, tome
el colectivo como lo llaman aquí, subí y me senté al lado izquierdo o mas bien
la silla contraria al conductor, una manía extraña heredada de mi madre por si
al aquel medio de transporte sufre algún imprevisto, lo menos afectados serán
aquellos ubicados en contra, la teoría no la he comprobado pero la sigo cada
vez que puedo, no quiero ser una de las afectadas.
Una
vez segura, mi mirada cae en las largas avenidas capitalinas y mi mente vuela
por las grande dudas e inquietudes que me invadían por eso días , de pronto un
señor de muy buen aspecto aborda con una gran maniobra el colectivo saltando el
torniquete, todo aquel que pudiera estar distraído como yo, perdieron la
concentración en la nada para enfocar las miradas en aquel individuo, todos
atento a los movimientos de aquel hombre
que cargaba un bolso de gran tamaño donde fácilmente una escopeta, rifle o cualquier tipo de arma pudiera tener lugar,
una vez la multitud sorprendida y un poco asustada escondiendo en lo mas remoto
sus cosas personales, el susodicho amenazaba cada segundo con sacar lo que el
llamaba su fuente de ingreso, su sustento. La inspección de arriba a abajo no
se hicieron esperar por parte de la audiencia que se memorizaba su rostro
puesto que después tendrían que identificarlo en la policía por agresión o
hurto.
Entre
mas rodeos y recovecos permitíamos por parte del sujeto, el miedo y la
incertidumbre se apoderaba de los espectadores, el charlatán nos estaba
preparando para que el dolor del robo o de la agresión que se yo! fuera mas
leve pero nada de eso servía, entre mas hablaba de política, del país, de la
mala situación, que el no quiso eso para su vida, que le toco como a muchos
colombianos, su discurso se ampliaba como
justificación y escudo para tapar su fechoría. De un momento a otro abre su gran
bolso negro de terciopelo, se asoma una pequeña punta de algo, el publico
atemorizante solo mira a sus alrededores buscando una forma de escapar, cuando
ya todos nos creíamos muertos y viendo pasar toda nuestra vida en segundos, una
escuálida, pequeña y colorida caja de inciensos aromáticos se deja ver, nadie
puedo reaccionar solo el conductor enfurecido muestra su desdén con un caótico
intercambio de obscenidades contra el sujeto, aliviados cuando aquel se pierde entre
las avenidas la normalidad vuelve a su puesto.
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