domingo, 25 de noviembre de 2012

Otro día más.


El otro día cuando me disponía a ir unos de mis cursos, el sol aún no asoma sus rayos pero el frio si muy presente,  tome el colectivo como lo llaman aquí, subí y me senté al lado izquierdo o mas bien la silla contraria al conductor, una manía extraña heredada de mi madre por si al aquel medio de transporte sufre algún imprevisto, lo menos afectados serán aquellos ubicados en contra, la teoría no la he comprobado pero la sigo cada vez que puedo, no quiero ser una de las afectadas.

Una vez segura, mi mirada cae en las largas avenidas capitalinas y mi mente vuela por las grande dudas e inquietudes que me invadían por eso días , de pronto un señor de muy buen aspecto aborda con una gran maniobra el colectivo saltando el torniquete, todo aquel que pudiera estar distraído como yo, perdieron la concentración en la nada para enfocar las miradas en aquel individuo, todos atento a los movimientos  de aquel hombre que cargaba un bolso de gran tamaño donde fácilmente una escopeta, rifle  o cualquier tipo de arma pudiera tener lugar, una vez la multitud sorprendida y un poco asustada escondiendo en lo mas remoto sus cosas personales, el susodicho amenazaba cada segundo con sacar lo que el llamaba su fuente de ingreso, su sustento. La inspección de arriba a abajo no se hicieron esperar por parte de la audiencia que se memorizaba su rostro puesto que después tendrían que identificarlo en la policía por agresión o hurto.

Entre mas rodeos y recovecos permitíamos por parte del sujeto, el miedo y la incertidumbre se apoderaba de los espectadores, el charlatán nos estaba preparando para que el dolor del robo o de la agresión que se yo! fuera mas leve pero nada de eso servía, entre mas hablaba de política, del país, de la mala situación, que el no quiso eso para su vida, que le toco como a muchos colombianos, su discurso  se ampliaba como justificación y escudo para tapar su fechoría. De un momento a otro abre su gran bolso negro de terciopelo, se asoma una pequeña punta de algo, el publico atemorizante solo mira a sus alrededores buscando una forma de escapar, cuando ya todos nos creíamos muertos y viendo pasar toda nuestra vida en segundos, una escuálida, pequeña y colorida caja de inciensos aromáticos se deja ver, nadie puedo reaccionar solo el conductor enfurecido muestra su desdén con un caótico intercambio de obscenidades contra el sujeto, aliviados cuando aquel se pierde entre las avenidas la normalidad vuelve a su puesto.