Cuando la soledad física penetra a mis huesos y solo 4 paredes son mi única compañía, el llanto me azota, el vacío se apodera de mi sin explicación alguna, tal vez es la ausencia de muchos elementos, como el olor a casa, a charlas sin sentidos con los amigos o el calor familiar. Los sentimientos siempre me han dominado, los sigo sin determinar lo que pienso, tal suceso me ha traído pésimas consecuencias pero en esta vida no hay que arrepentirse de nada, aunque pesen.
Mis emociones me atrajeron hasta esta ciudad y a pesar de no realizar lo estipulado, ha sido un riesgo que estoy dispuesta a seguir tomando.
La capital no hay perdido su frialdad sin embargo la veo con otros ojos, como una mujer cuando ve a un buen prospecto que le ofrece todo lo que los demás no ofrecieron, lo encuentra atractivo, sexy y seductor, el hombre no tiene que hacer nada porque la química fue encendida así percibo lo que Bogotá hizo en mi, prendió una chispa, me enamoro, pero como jamás se olvida al primer amor, Cartagena nunca podrá salir de mi corazón y a pocas horas de mi partida hacia mi primer amor la ansiedad me carcome la piel, el corazón palpita sin descanso, mi mente solo piensa en que hacer primero cuando toque su suelo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario