En mi última visita al cine tuve una experiencia un poco peculiar, soy de las personas que siempre llega tarde, inquietando y molestando a muchos tratando de cumplir odiseas, sentarme en los extremo de las filas, uno de los lugares más apreciados por cierto, ese día mis intenciones eran opuestas, llegar puntual y no perderme los exclamados estrenos de la próxima temporada y no perturbar a ningún espectador con mis caminatas. La cita 9 pm, sala número 2, la película sin lugar a duda las más hablada por eso días, ganadora y reconocida por la academia y festivales más influyente del mundo “cisne negro”, el largometraje es un excelente ejemplo de cuando se desea algo con tanto ahínco y fervor se puede llevar a cabo transformaciones para alcanzar lo tan anhelado y aclamado.
Me dirigí a la puerta, un tipo aburrido y gordo atendía la entrada, llevaba esa mirada fija en la nada, su presencia era igual al de una estatua, cuando pensaba que tenía más vida una roca, este se lanzó sobre mí, me jalo las entradas literalmente de las manos susurrando algo que solo su otro yo pudo ser partícipe de la plática, indignada por su ignorancia servicial, hice caso omiso a lo ocurrido y me dedique a observar el reloj, las manecillas marcaban exactamente las 9 en punto, no lo pude creer, otra vez llegue tarde, afanada entre y busque la numerología señalizada en el ticket, pero para mí grata sorpresa- oh!!! Que creen? Alguien estaba acomodado y regocijado en mi lugar, eso no era lo peor, la película ya estaba rodando en la pantalla grande, como esos pequeños detalles pueden arruinar el día o más bien la noche a cualquier ser humano.
Sin más preámbulo le dije respetuosamente a mi usurpador que se desplazar a otro lugar, el bandido solo expreso burla e incomprensión, llena de cólera e impotencia salí a quejarme con el gerente, mejor dicho con el primer empleado que se me cruzara.
La bajada de las escalera me parecieron infinitas, apenas podía ver los números en el piso y el temor a caerme se desplazó por la ira del tiempo que estaba desperdiciando en observa la película.
Sentí como lo peor de mi iba saliendo, me estaba transformado de cisne blanco a cisne negro, mis ojos se pusieron rojos, mi cabeza maquineaba la queja, el reclamo que los dejaría mal visto ante los visitantes, mi cuerpo danzaba al ritmo de la furia y el desconcierto por ser violado mi derecho como usuario, iba dispuesta a matar al causante de este acto, de esta obra de maldad.
Encontré al hombresucho de la entrada, desfogue todo mi coraje, expuse mi reclamo, mi indignación, el agravio que viví por la mala organización de vender el mismo puesto a dos personas, no estaba dispuesta a rendirme con una simple disculpa, tenía que ir mas allá, dejar una huella sin precedentes y ensañarles que con el cliente no se juega, al cliente se le respecta.
Terminada mis acusaciones el hombresucho me dijo “señorita esa no es la función de su ticket, la película empezara en 10 minutos”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario