domingo, 16 de octubre de 2011

Vida Capitalina


Luego de una extremada búsqueda del oficio de mis sueños  en una ciudad mágica por naturaleza, las cosas no resultaron como deberían, la magia como sus luces se ha ido apagando por la falta de quehaceres profesionales. La vida marcha segura pero triste sin ninguna distracción laboral y no hay nada mejor para el alma que dedicarse a lo que realmente ama,  no hubo mucho que pensar,  la decisión fue tomada.
Llegue a la capital en busca de un mejor andar, donde la facilidad de progresar se encuentra en cada escalón, tan grande es la región como el número de habitantes, en sus calles se siente la guerra de cemento, la lucha por sobrevivir, el cazador y la carnada igual de fresca e inocentes, caminan de la mano esperando siempre la oportunidad perfecta para atacar o ser atacado porque algo si es seguro en esta ciudad no sabes quien te va hacer daño, puede ser la anciana indefensa con mirada angelical o el hombre con traje decente y aspecto intelectual.
El viento golpea fuerte en la ventana, eso solo es señal de una cosa, la oscuridad de la  noche ha llegado a invadir el cielo, cargada de niebla y de  gente desconocida que transita por la indomable ciudad.  La gente es tan distante y fría como la misma noche, todos caminan como robot procurando no tropezarse, ya que cualquier contacto físico podría significar un insulto o un intento de asalto.

La búsqueda no ha dado resultado aún, la impaciencia se apodera de mi todas las mañanas antes de entrar a la ducha a esos de las 11, intento recrear mi mente con libros y actualizaciones visuales que encuentro en la red, pero es en vano cuando entra la tarde y la soledad de mi habitación me abraza.
Se hacen la 6:30 debo cumplir con clases dirigidas de la lengua universal, ya me han llamado la atención por llegar tarde y distraerme en las entretenidas lecciones, realmente pensé que iba ser peor, pero por alguna razón no me he aburrido, tal vez porque tengo un interés escondido en mi sub cociente que no deja que los ánimos desistan de la clausura  de la cátedra.

Pensé que la ciudad me comería viva, que mi corazón se mantendría siempre cálido como mi origen, pero cada día el mango se congela y sin piedad ni compasión miro aquel miserable que me pide caridad pero solo obtiene de mi indiferencia por su pesar. El frio ha hecho estragos, mi labios están resecos, mi cabello domable, mi cuerpo con menos kilos, mis emociones quizás están congeladas eso no quiere decir que no sienta pero creo que estoy pensado y sintiendo diferente.
Las caminatas se han hecho contaste, no hay duda que la ciudad tiene mucho que ofrecer a nivel cultural, claro que hay ciertas situaciones incoherentes, contradicciones absurdas: el 80% de la música escuchada en las emisoras, en establecimientos, bares, cantinas, discotecas es increíblemente  “ arcaica “, pasada de moda, antigua, obsoleta,  es decir, todo llega primero a la capital, los mejores cantantes, los mejores eventos pero a los rolos les encanta permanecer en la antigüedad acústica  algo que no comprendo pero entiendo y creo no compartir. 

Tal vez si o tal vez no me acostumbre  a la capital aún no lo se, tendré  averiguarlo pero algo si se, aquí esta el futuro.